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El Sistema que Merecemos


Hoy, más que nunca antes en la historia de los que estamos vivos, estamos siendo testigos y actores de un cambio en la manera en la que vivimos y somos humanos,


La discusión o la conversación, pasó de ser un tema de ideología a ser uno transversalmente humano, lo que significa que toca cada una de las fibras que nos hacen ser lo que somos.


Los sucesos o expresiones que hemos visto en los últimos meses al rededor del mundo cuestionan y demuestran una realidad humana que para muchos se torna inaceptable y difícil de creer.


Las similitudes que nos hermanan son tan grandes como las diferencias que nos separan, y hoy más que nunca estamos conscientes de esto pero no sabemos como responder ante la realidad por que no la conocemos, estamos más confundidos que nunca.


Y por lo tanto, estamos destruyendo todo con la esperanza, espero, de poder construir algo mejor con menos injusticia pero también mucha más capacidad y responsabilidad de quienes participemos en las decisiones de la construcción de un nuevo orden, no mundial, no regional, sino humano.


¿A que aspiramos realmente como especie? la respuesta colectiva a esta pregunta debería ser la base fundamental de la construcción de un nuevo orden, en mi opinión deberíamos aspirar a ser uno con el todo, queriendo decir que podamos encontrarnos cada uno de nosotros siendo parte y participando en la construcción del ser.



La idea misma puede sonar ambigua y profundamente espiritual y lo es, precisamente por que si no partimos de ahí caeremos muy fácil en la ceguedad de lo inmediato y superficial que nos llevaría a construir un sistema vacío y sin alma como el que estamos destruyendo con éxito en estos tiempos de confusión y violencia sin igual.


¿Que propósito debe cumplir el sistema social que queremos construir? Yo diría de principio, aunque para algunos suene ingenuo, que sea un propósito bueno, uno que sea bueno para todos, que dentro de las diferencias y similitudes encontremos algo que nos convenga por igual.


Que el sistema no exista para proteger privilegios sino para potenciar posibilidades.Que no se diseñe desde el miedo sino desde la comprensión profunda de lo que significa estar vivos al mismo tiempo, compartiendo un mismo planeta, una misma fragilidad y una misma oportunidad.


Tal vez el error histórico ha sido creer que el sistema debe controlarnos, cuando en realidad debería ayudarnos a florecer. Hemos construido estructuras que administran el conflicto pero no cultivan la conciencia; que regulan el comportamiento pero no elevan el propósito; que miden productividad pero no miden dignidad.


Un nuevo orden humano no puede limitarse a redistribuir poder. Tiene que redefinirlo.El poder no como dominación, sino como capacidad de crear. No como imposición, sino como responsabilidad compartida.


Si aspiramos a ser “uno con el todo”, entonces cada decisión individual tendría que considerar su impacto colectivo. La economía dejaría de ser una competencia por acumulación y se convertiría en un sistema de colaboración por evolución. La educación no prepararía únicamente para el mercado, sino para la conciencia. La tecnología no amplificaría únicamente la eficiencia, sino también la empatía.


Pero para que eso ocurra necesitamos algo incómodo: asumir que somos co-responsables.


No espectadores. No víctimas perpetuas del sistema. No consumidores pasivos de realidades diseñadas por otros.


Responsables de informarnos. Responsables de participar. Responsables de cuestionar sin destruir por impulso. Responsables de construir sin repetir los errores que criticamos.


Quizá estamos destruyendo porque intuimos que algo no funciona. Pero destruir sin claridad es solo cambiar la forma del caos. Construir requiere una visión compartida. Y una visión compartida requiere diálogo, humildad, empatía y la valentía de aceptar que nadie posee la verdad completa.


El nuevo orden humano no será perfecto. Ningún sistema lo es. Pero puede ser más consciente. Más real. Más coherente con la naturaleza que nos dio origen.


Tal vez la pregunta correcta no es solo “¿a qué aspiramos como especie?”, sino también:¿estamos dispuestos a convertirnos en el tipo de seres humanos capaces de sostener aquello a lo que aspiramos?


Porque ningún sistema será más grande que la calidad moral y emocional de quienes lo habitan.


Y si algo nos ha revelado esta época de confusión y violencia, es que el verdadero cambio no comienza en las instituciones, ni en los mercados, ni en los gobiernos.Comienza en la forma en que cada uno decide habitar el mundo.


El nuevo orden humano no será un decreto. Será una práctica. Y la costumbre la principal fuente de ley. Volvimos a empezar, seamos conscientes y pongámonos a trabajar.




 
 
 

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